La Puerta de la Luna. Ana María Matute.

 


Hace unos días, huyendo del calor de este verano infernal, me refugié en la biblioteca de mi barrio que, además de ser uno de mis lugares favoritos del mundo, es un refugio climático en el transcurso de esta nefasta estación. No le tengo mucha simpatía al ayuntamiento que nos gobierna, pero al menos le agradezco que no haya quitado el aire acondicionado de lugares públicos como éste, donde cualquiera puede ir a tomarse un respiro, sea quien sea, tenga o no dinero para luchar contra las olas de calor.

Estuve deambulando, como yo simpre deambulo entre las estanterías de libros, ya sea porque estoy aburrida, contenta, triste o preocupada (cualquiera de estas emociones me empuja hacia un libro) y encontré La Puerta de la Luna de Ana María Matute, quien se está convirtiendo en una de mis autoras españolas preferidas ^^ 

Este libro de 847 páginas (¡Tocho, tocho, donde los haya!) me llamó la atención enseguida por lo bonito que es el título, por supuesto, pero sobre todo porque contiene toda, TODA, la narrativa breve de la autora; es decir, que tenía en mis manos todos los cuentos que Matute escribió a lo largo de su vida. Y es que yo adoro leer cuento y relato corto así que, como no podía ser de otra manera, una vez que lo cogí ya no lo solté y se vino conmigo a casa. 

Por lo general tengo la manía de leer los cuentos de un libro siempre en orden. No soy de esas lectoras que revisan el índice en busca de los títulos que más le llaman la atención y empiezan por ahí, no me gusta el desorden ni siquiera en este caso. Por ello, empecé leyendo la presentación del libro escrita por María Paz Ortuño Ortín, toda llena de fechas de publicación y datos sobre la autora que, en mi caso, me encanta leer para enterarme de más cositas (¿Salseo?). Entre un libro con introducción o sin ella, yo elijo con introducción.

En esta presentación ya se iban destacando algunos cuentos, como más relevantes por X motivo, o que se han hecho más conocidos a través de los años, por lo que sea, etc. Te hablan del cuento que da título al libro: La Puerta de la Luna, y me resultó tan interesante que rompí mi norma del orden (este cuento está, de hecho, casi al final del libro, en la página 824) y me fui a leerlo. Ahí descubrí que no es un cuento en sí, sino un artículo que Matute escribió para un periodico. En esta antología se incluyen todos sus cuentos y todos sus artículos.

Es muy breve, apenas tiene una página por las dos caras, pero habla de algo muy bonito: de un lugar secreto para los niños, un refugio al que acudir con amigos o en soledad, cuando se está triste o se huye de un castigo. Cuando solo deseas estar solo y este punto fue lo que más me gustó: enlazar la soledad (deseada, buscada, necesaria) con un lugar, casi un santuario que puede ser cualquiera (en este caso, de hecho, es una roca plana cerca del pueblo de la autora), pero puede ser un banco de un parque, un rincón silencioso en una biblioteca o nuestro cuarto; da igual, todos esos lugares que nos dan paz son lo que la autora llama La Puerta de la luna y todos tenemos el nuestro.

Ella dice:

Todos los niños del mundo, creo yo, necesitan la puerta de la luna.

Pero no es solo cosa de niños, los adultos también la necesitamos y la buena noticia nos la da Matute en el último párrafo, cuando dice:

 Aún tenemos la puerta de la luna. Se recupera, lo sé muy bien, en la hora de soledad que todos buscamos durante el transcurso del día. En ese día de soledad que todos pedimos, necesitamos, en el transcurso de los meses, de los años. En la puerta de la luna los niños crecían despacio, dentro de sí. En nuestra hora de soledad, la puerta de la luna nos devuelve al niño que aún vaga en nosotros, buscando inútilmente puertas y ventanas por donde escapar.

Ahora es cuando lloro porque estas palabras son preciosas y me identifico totalmente, y también un poco porque yo jamás seré capaz de escribir algo tan bonito, tan verdadero y profundo y, a la vez, tan sencillo.

Queda claro que los cuentos fueron tan importantes para Matute, como lo son para mí. Por eso siento una conexión especial con esta autora que, por desgracia, ya no está entre nosotros. Ana María Matute nació en 1925 y empezó a escribir cuentos con cinco años, no le publicaron el primero hasta los veinte, pero aún así. Ha escrito cuentos, artículos, novelas, de todo y eso siempre nos quedará. Es un gran consuelo.

En la primera parte del libro hay un par de páginas encabezadas con el epígrafe: Los Cuentos Vagabundos, donde están estas palabras tan tiernas:

El cuento se va, pero deja sus huellas. Y aún las arrastra por el camino, como van ladrando los perros tras los carros, carretera adelante. El cuento llega y se marcha por la noche, llevándose debajo de las alas la rara zozobra de los niños.

A escondidas, pegándose al frío y a las cunetas, va huyendo. A veces pícaro, o inocente, o cruel. O alegre, o triste. Siempre, robando una nostalgia, con su viejo corazón de vagabundo.  

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