La Amiga de la Infancia

 
 
 

Posible prólogo, de un posible fanfic que aún no está escrito.

 

Le cuesta ubicar este recuerdo en el tiempo con la exactitud que le caracteriza, pero sabe que ocurrió poco antes de que todo cambiara. Apenas unas semanas. Cuando se estaba preparando una función (una más) de teatro en su escuela. No solían interesarle esas cosas y solo se resignaba a participar para ahorrarse problemas, por eso mismo, no tenía sentido que él estuviera presente cuando la conversación tuvo lugar.

Seguramente ellas tampoco sabían que él estaba allí. Por tanto, todo lo que hablaron era genuino, es decir, en ningún caso nada de lo que Haibara dijo estaba dirigido a él o si quiera ella imaginaba que llegaría a oírlo. Eso lo hacía más complicado, porque si hubiese sido una de esas cosas que la chica solía decir en su presencia para ponerle nervioso o chincharle, podría haberlo olvidado sin más.

No se le habría quedado grabado.

Era por la mañana, un día cualquiera, probablemente sábado o sino habrían estado todos en la escuela. Conan había ido a casa del profesor Agase para buscar unos libros y leer tranquilo en su biblioteca, cuando escuchó que alguien llamaba a la puerta y reconoció la voz de Ayumi que venía a ver a Haibara. Como ambas se retiraron a la cocina a toda velocidad, él pensó que no era necesario hacerse notar; solo quería leer en paz un rato. Se encerró en la biblioteca y estuvo revisando las estanterías hasta que encontró lo que buscaba, después estuvo leyendo alrededor de una hora, hasta que le entró sed y decidió salir en busca de agua.

Escuchó las voces de las niñas mientras se aproximaba al umbral de la cocina y ahí supo que estaban hablando de la dichosa función de teatro de la escuela. La clase de Conan había elegido representar un manga bastante conocido y aún estaban con el reparto de personajes. Ayumi, por lo visto, intentaba convencer a Haibara para que fuera una de las dos protagonistas, pero ésta se negaba de ese modo tan particular suyo.

Por alguna razón, no le gustaba nada ese personaje.

—No me gusta ese tipo de chica que aparece en todos los mangas —Le explicó Haibara, con paciencia, sentada en uno de los taburetes de la cocina. Conan no podía verlas, pero se las imaginaba sin problemas como tantas otras veces sí las había visto; Haibara sentada recta sobre su asiento, mirando a la otra solo de reojo, con una expresión neutra, mientras que Ayumi tendría su cuerpo orientado por entero hacia su amiga y la miraría sin pestañear, quizás apretando los puños—. La amiga de la infancia.

>>. En estas historias donde solo hay un protagonista masculino aparecen las mismas chicas como posibles intereses amorosos: la amiga de la infancia que nunca se atrevió a confesar sus sentimientos, la amiga que siempre se ha comportado como un chico pero quiere ser más femenina para gustarle, la que es borde con él porque está enamorada y eso la asusta, la presidenta de algún club del instituto…

—¿En serio? ¿Tú crees?

Ayumi tenía siete años, era demasiado pequeña como para haber leído tantos mangas shoujo y notar que esos arquetipos femeninos se repetían una y otra vez en ese tipo de relatos.

—Es así —continuó Haibara, contundente—. Y el único de todos esos personajes que no soporto es el de la amiga de la infancia.

A Conan le chocó un poco que una chica como ella fuese fan de ese tipo de publicaciones, así como daba a entender el que fuera una experta en el tema. Luego recordó que había sido enviada a América siendo muy pequeña y, quizás, éstos habían sido su punto de unión con Japón los años que había pasado lejos de su país.

—¿Y eso por qué? —quiso saber Ayumi.

—Porque son del todo incompatibles con alguien como yo —respondió la otra—. La amiga de la infancia, por lo general, es una chica dulce y sensiblera que adora las tareas domésticas y no tiene problema con sacrificarse por el protagonista porque cree que así lograra consolidar su amor.

>>. No aspira a que el chico la ame por quien es, sino por todo lo que hace por él. A veces exageran tanto esto que los acaban tratando como si fueran sus madres. Se plantan en su casa y la limpian sin que él lo pida, o les cocinan su plato favorito aun cuando él nunca lo agradece. Creen que todo eso las llevará a convertirse en su esposa con el tiempo.

—Oh —murmuró Ayumi, asombrada. Su voz sonó débil después de una pequeña pausa—. ¿Y eso es malo?

—No digo que sea malo —respondió Haibara—. Además, estamos hablando de historias inventadas.

>>. La amiga de la infancia sigue al protagonista allá a donde vaya como un perrito, y suele ser una llorona. ¡Uf! Pero eso no es lo peor.

—¿Y qué es lo peor?

Hubo unos segundos de silencio tras los cuales, la voz serena y firme de Haibara sonó, no más fuerte, pero sí más clara, de alguna manera, como si absorbiera el resto de ruidos de la habitación.

—En el fondo es una egoísta —reveló—. Se supone que ha estado enamorada del protagonista desde niña pero nunca dice nada, nunca se arriesga porque piensa que, por el simple hecho de haber sido la primera, tiene derecho sobre él.

>>. Cree que no tiene que hacer nada especial porque están destinados o algo parecido, así que no se molesta en ser valiente. Y solo cuando aparece alguien más, alguien nuevo que capta la atención del chico, es cuando se ofende y reivindica su lugar porque ella siempre ha estado a su lado y por tanto, merece ese amor más que nadie.

Conan se quedó perplejo ante esa explicación tan precisa, como si no fuera algo que Haibara acababa de pensar, sino que llevara mucho tiempo rondándole la cabeza. De hecho, la seriedad en su voz era lo más llamativo de todo. Y tal vez fuera eso, o por lo menos, en ese instante, él creyó que lo era, lo que le llamó tanto la atención como para que esa conversación se quedara en su memoria durante tanto tiempo.

Ayumi también sonó impresionada por el análisis de su amiga aunque, ¿hasta qué punto podía una niña de siete años comprender todos los matices que entraban en juego en algo así? En cualquier caso, soltó una exclamación y confirmó que, en efecto, la protagonista de la obra tenía una frase muy parecida a esa, con la que intentaba convencer al protagonista de que ella era la indicada para estar con él.

—¿Lo ves? —preguntó Haibara, complacida—. Siempre usan lo mismo: el tiempo. Como si eso fuera lo más importante—Se oyó un crujido, alguna de las dos se movió sobre el taburete, puede que Ayumi—. Si tan enamorada estaba de él, ¿por qué esperó tanto para decirlo? ¿Por qué luchar por algo que te importa solo cuando crees que te lo pueden quitar?

>>. ¿Y qué pasa con la otra chica? Solo porque no haya compartido su pasado con él no significa que no pueda comprenderle, incluso mejor que la amiga de la infancia.

La impresión que le estaba produciendo ese discurso era cada vez más honda, y todo lo que Haibara decía resonaba dentro de él de un modo muy particular. Sabía que nunca había pensado en esas cosas, ni se había interesado por temas semejantes, con todo, Conan tenía la sensación de que no le era del todo ajeno aquel asunto. Pero intentar llegar más lejos fue como querer desentrañar una melodía que solo has oído una vez antes de que te cosquilleé en el cerebro una segunda.

Se dijo que lo que pasaba era que no dejaba de ser asombroso que alguien como Haibara estuviera tan interesada en algo tan superficial, y que no le pegaba en lo absoluto. Puede que por eso mismo no pudiera dejar de escuchar, fascinado, cada una de las palabras que ella decía, de examinar su tono cambiante de voz e intentar interpretarlo sin sacar ninguna conclusión.

—A lo mejor ellos dos son más parecidos —opinó Haibara después—. O han pasado por cosas similares…

>>. El tiempo no es lo único que puede unir a dos personas.

Guardó silencio tras esas palabras y Conan deseó asomarse, solo un poco, por el borde de la puerta, para ver qué cara estaría poniendo en ese momento. Pero contuvo su curiosidad, pues no quería ser descubierto espiando.

—Al final de la obra el protagonista escoge a la amiga de la infancia —dijo Ayumi, en bajito, como si incluso ella hubiera presentido que esa charla era más seria de lo que parecía para su amiga y no quisiera molestarla.

—Así es —Una sonrisa triste o quizás resignada se ocultaba en esa respuesta, estuvo seguro—. Porque eso es lo que pasa en la vida real.

¿En la vida real? Se preguntó, confuso.

Él sabía que la vida real no tenía nada que ver con las historias ridículas que se cuentan en los mangas, mucho menos en los Shoujo, y lo sabía a pesar de que su propia vida había dado un giro que la acercaba más a una historia de ciencia ficción que a cualquier otra cosa.

La conversación acabó con Haibara postulándose para hacer el papel de la hermana mayor de uno de los otros personajes femeninos, apenas tendría dialogo, pero desde luego daba el papel.

A pesar de que aquella simple charla le había impresionado, lo cierto es que Conan no volvió a pensar en ello hasta que no tuvo más remedio. Tampoco intentó descubrir qué podía tener que ver con él aquello, quizás sabía que lo descubriría a poco que reflexionara con ganas y, en verdad, no quería saberlo.

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¿Fin?

 

 

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