Congelada

Relato Corto . —Vamos a sentarnos abajo —me indicó Jaime. Asentí sin más y él abrió la marcha con su tarrina de helado en la mano derecha. Yo le seguí por la escalera que conducía a la planta baja de la heladería, allí estaban las mesas para los clientes. El único pensamiento que registraba mi mente era evitar que el helado se derramara, descendí como una autómata a una habitación donde la oscuridad se amontonaba en los rincones y las bombillas de bajo consumo intentaban iluminar la superficie de las mesas, que parecerían de hielo, repartidas por toda la estancia. —¿Cogemos la mesa del rincón? —pude oír que me preguntaba por encima del potente zumbido de los aparatos de aire acondicionado. No hizo falta que respondiera, Jaime ya había echado a andar hacia allí. La mesa del rincón era "nuestra mesa". Nos habíamos sentado en ella en todas nuestras visitas a la heladería de los últimos tres años. Nos acomodamos en nuestros sitios de siempre, pero entonces, Jaime co...