Sosiego
Le dio a elegir y ella dijo: Una cafetería.
Que esté abierta toda la noche, como ésa donde espera la protagonista de After Dark, de Murakami. Pasa toda la madrugada leyendo en una mesa de una cafetería 24 horas porque ha perdido el último tren y tiene que esperar a que se haga de día para volver a casa.
Le pareció un buen lugar. Sugería un espacio suspendido en el tiempo; mientras todo se movía fuera, en la calle, dentro podía encontrar la calma que necesitaba. Así que comenzó a imaginarse la cafetería casi vacía salvo por unos pocos clientes más y la camarera que iba y venía de la barra a las mesas. Había una pareja que hablaba en voz baja en un rincón, con las cabezas muy juntas. Había un chico algo mayor que ella con la nariz pegada a un cuaderno en el que no dejaba de escribir. Esos eran a los que podía ver sin girar la cabeza o hacer algún otro movimiento que delatara su curiosidad. Puede que hubiese alguien más pero era difícil saberlo porque había un silencio muy agradable.
Los silencios agradables nunca son totales, debo decir; es una calma lo bastante silenciosa como para estar cómoda y poder centrarte en tus pensamientos, pero nunca puede ser la ausencia absoluta de sonidos. Y por eso podía oír el zumbido dordo de la cafetera a unos cuantos metros, los rasguños que hacía el bolígrafo de ese chico, no mucho más mayor, contra el papel del cuaderno.
Y sí, claro, podía oír sus pensamientos. Aunque eso no le interesaba demasiado en ese momento.
Frente a ella había una mesa vacía. A un lado estaba el pasillo que debía conducir al servicio y al otro, la cristalera inmensa que mostraba la ciudad. No sabía que ciudad podía ser, no importaba. Por las noches todas se parecen. Coches que circulan por la carretera, gente solitaria que camina deprisa, las luces distantes de las ventanas de los edificios hasta donde te alcanza la vista, como una película de cine mudo pero sin los aspavientos típicos de los actores.
El movimiento que no hace ruido.
Le preguntó que pensaba tomar, se la imaginaba con algo cálido en las manos, una taza que soltara delicadas volutas de humo. Y ella respondió: ¡Un cola cao caliente y sin grumos! No era algo tan espectacular, pero había una razón. Antes solía desayunar un cola cao todas las mañanas, en invierno y en verano, pero después de que me diagnosticaran la diabetes tuve que dejarlo. Lo echo de menos, pero sé que no puedo tomarlo. Sin embargo, he decidido que en esta cafetería no estoy enferma, así que no puede hacerme daño.
La bebida le calentó los dedos de las manos y su olor era tan... ¡Tierno! Le recordaba a tiempos tiernos, a la infancia, o a cualquier otro momento anterior a su enfermedad y que ahora ella recordaba mucho más dulce y amable de lo que habían sido en realidad. Le dio el primer sorbo y el cuerpo entero se le estremeció de placer y recuerdos de azúcar. Con el segundo, esa calidez de la bebida la ayudó a relajarse, a acomodarse mejor en su asiento.
Estaba tranquila, por fin.
Pero, ¿y la sombra?
¿Sientes que está cerca?
No, la sombra no estaba por ahí. Había lamparas en el techo que proyectaban una luz dorada y cálida a cada rincón de la sala, y a través de la vidriera de la calle entraba el resplandor anaranjado de las farolas. Por si no fuera suficiente, en cada mesa había una lamparilla que iluminar, no iluminaba mucho, pero reconfortaba. Vaya, había tanta luz a su alrededor que era imposible que la sombra pudiera alcanzarla.
Demasiada luz.
Quien entiende, entiende.
En este lugar, por lo visto, puedes quedarte el tiempo que necesites.
A esta cafetería se llega cuando ya no tienes nada más que hacer. Es un lugar de descanso, cuando has terminado tus tareas y ya nadie te necesita, no hay prisas porque no tienes nada que hacer después. No hay pantallas, nadie usa el móvil. Es un lugar para el descanso, para la satisfacción, para recostarte, leer, hablar en susurros, mirar por la ventana y distraerte con el trajín de los que aún no han llegado, para cualquier cosa que te haga feliz o te de paz. Es un lugar para no esperar nada. Para no hacer nada salvo estar allí.
Y es un lugar feliz. Un lugar seguro.
![]() |
| Relato Rescatado del día 1 de Abril de este año. |

Comentarios
Publicar un comentario